No hay invitación impresa ni lista de asistentes confirmada. Solo un chofer que aparece al anochecer, un sendero entre dunas y un montaje de ensueño en medio del desierto marroquí. Así comienzan las cenas más exclusivas de Marrakech.
Escenarios fuera del tiempo
Carpas iluminadas por candelabros, alfombras beréber que se pierden en la arena, mesas largas vestidas con lino y especias. Todo pensado para evocar un cuento que solo existe una vez.
Alta gastronomía con acento árabe
Chefs de renombre internacional reinterpretan la cocina marroquí con ingredientes inesperados: couscous de langosta, tajines con trufa blanca, postres con azafrán y rosas. El té se sirve en copas de cristal soplado.
Solo queda el susurro
No hay cobertura, ni cámaras. Solo el sonido del laúd, la conversación entre desconocidos y la certeza de estar viviendo algo que no volverá. Porque algunas experiencias no buscan ser recordadas, sino vividas en silencio.