Durante décadas, el viaje terminaba con una compra. Hoy, en ciertos circuitos del lujo contemporáneo, esa lógica comienza a diluirse.
El valor ya no está en lo que se lleva, sino en lo que se vive.
Experiencias que no se poseen
Restaurantes como Noma construyen menús que no buscan replicarse. Espacios inmersivos como teamLab Borderless desaparecen y se transforman constantemente. Lugares como Miraval Arizona Resort & Spa limitan dispositivos para privilegiar presencia.
No hay objeto final. No hay prueba tangible.
Renunciar al souvenir se convierte en una postura consciente. En un mundo saturado de acumulación, no llevarse nada puede ser el gesto más refinado.
El recuerdo vuelve a ser suficiente.